CAUSAS Y CONSECUENCIAS
Las causas del maltrato infantil
Los estudiosos del tema del maltrato infantil han tratado de
explicar su aparición y mantenimiento utilizando diversos modelos, así tenemos:
el modelo sociológico, que considera que el abandono físico es consecuencia de
situaciones de carencia económica o de situaciones de aislamiento social
(Wolock y Horowitz, 1984); el modelo cognitivo, que lo entiende como una
situación de desprotección que se produce como consecuencia de distorsiones
cognitivas, expectativas y percepciones inadecuadas de los
progenitores/cuidadores en relación a los menores a su cargo (Larrance, 1983);
el modelo psiquiátrico, que considera que el maltrato infantil es consecuencia
de la existencia de psicopatología en los padres (Polansky, 1985); el modelo
del procesamiento de la información, que plantea la existencia de un estilo
peculiar de procesamiento en las familias con menores en situación de abandono
físico o negligencia infantil (Crittender, 1993); y por último el modelo de
afrontamiento del estrés, que hace referencia a la forma de evaluar y percibir
las situaciones y/o sucesos estresantes por parte de estas familias (Hilson y
Kuiper, 1994).
En la actualidad el modelo etiopatogénico que mejor explica
el maltrato infantil, es el modelo integral del maltrato infantil. Este modelo
considera la existencia de diferentes niveles ecológicos que están encajados
unos dentro de otros interactuando en una dimensión temporal. Existen en este
modelo factores compensatorios que actuarían según un modelo de afrontamiento,
impidiendo que los factores estresores que se producen en las familias
desencadenen una respuesta agresiva hacia sus miembros. La progresiva disminución
de los factores compensatorios podría explicar la espiral de violencia
intrafamiliar que se produce en el fenómeno del maltrato infantil. Entre los
factores compensatorios se señalan: armonía marital, planificación familiar,
satisfacción personal, escasos sucesos vitales estresantes, intervenciones
terapéuticas familiares, apego materno/paterno al hijo, apoyo social, buena
condición financiera, acceso a programas sanitarios adecuados, etc. Entre los
factores estresores se cuentan: historia familiar de abuso, disarmonía
familiar, baja autoestima, trastornos físicos y psíquicos en los padres,
farmacodependencia, hijos no deseados, padre no biológico, madre no protectora,
ausencia de control prenatal, desempleo, bajo nivel social y económico, promiscuidad,
etc.
Consecuencias del maltrato infantil
Independientemente de las secuelas físicas que desencadena
directamente la agresión producida por el abuso físico o sexual, todos los
tipos de maltrato infantil dan lugar a trastornos conductuales, emocionales y
sociales. La importancia, severidad y cronicidad de las estas secuelas depende
de:
Intensidad y frecuencia del maltrato.
Características del niño (edad, sexo, susceptibilidad,
temperamento, habilidades sociales, etc).
El uso o no de la violencia física.
Relación del niño con el agresor.
Apoyo intrafamiliar a la víctima infantil.
Acceso y competencia de los servicios de ayuda médica,
psicológica y social.
En los primeros momentos del desarrollo evolutivo se
observan repercusiones negativas en las capacidades relacionales de apego y en
la autoestima del niño. Así como pesadillas y problemas del sueño, cambios de
hábitos de comida, pérdidas del control de esfínteres, deficiencias
psicomotoras, trastornos psicosomáticos.
En escolares y adolescentes encontramos: fugas del hogar,
conductas autolesivas, hiperactividad o aislamiento, bajo rendimiento
académico, deficiencias intelectuales, fracaso escolar, trastorno disociativo
de identidad, delincuencia juvenil, consumo de drogas y alcohol, miedo
generalizado, depresión, rechazo al propio cuerpo, culpa y vergüenza,
agresividad, problemas de relación interpersonal.
Diversos estudios señalan que el maltrato continúa de una
generación a la siguiente. De forma que un niño maltratado tiene alto riesgo de
ser perpetuador de maltrato en la etapa adulta.


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